
Enrique Etievan, pintor venezolano nacido en 1972, inicia sus estudios en el otrora Instituto “Federico Brandt”, y decidió hacerse pintor una vez egresado del Bachillerato.
Proviene de una familia de artistas, su padre era músico y su madre e una pintora ingenua, de esta manera la decisión de Enrique lejos de ser refrenada por la madre, más bien fue estimulada.
Sus enseñanzas fundamentales en el Instituto “Brandt” estuvieron dirigidas hacia el dibujo, de allí que en su obra encontremos esta técnica muy bien desarrollada gracias a profesores como Abilio Padrón, Alvarez Estrada, Sánchez Vegas y Onofre Frías. Al terminar sus estudios en el Instituto, se dio cuenta que le faltaba algo: la técnica. Los cuadros se craquelaban y no sabía porqué. Entonces decidió ampliar sus conocimientos en esta área y lo hizo a través de una profunda investigación de los grandes maestros de la pintura Renacentista, esto lo ayudó a mejorar notablemente su trabajo y la ejecución pictórica de hoy día. La investigación lo llevó también a conocer más a fondo los distintos temas que él trabaja: las figuras sagradas, los paisajes y la figura femenina.
En su obra predomina el estilo hiperrealista en la ejecución y ello es producto de su larga práctica en el dibujo que lo ha guiado hacia la perfección de las formas, de esta manera todos los elementos presentes en la tela poseen una misma importancia. No se trata de objetos en primer plano u objetos en segundo plano. No, todos tienen la misma validez por lo detallados que son, aun cuando estén ubicados en diversos planos. En sus pinturas hallamos reproducidos con técnica absolutamente académica objetos, personas, plantas, agrupados de manera casi paradójica.
La figura femenina adquiere, con Etievan, un papel preponderante porque para él representa lo vital del ser humano. Igualmente el paisaje tiene presencia activa en su obra, presencia que muchas veces viene cargada de humor.
Enrique Etievan trabaja temas de su entorno, de la vida cotidiana, pero los trabaja dentro de un estilo “surrealista” no ortodoxo, porque él no pinta ni sueños ni el inconsciente. Son las cosas que ve a diario en la ciudad. Y cuando pinta lo hace dentro de esa corriente porque es la mejor para representar la cotidiana absurdidad del ser humano.
Su pintura podría ubicarse también en lo “mágico-realista” porque Etievan yuxtapone elementos o eventos que generalmente no se pertenecen el uno al otro; una figura femenina, por ejemplo, y como fondo un paisaje con un poste de luz. El paisaje de fondo es una especie de ilusión. Estamos entonces ante la presencia de una obra de arte en la cual la apariencia rigurosamente objetiva provoca inquietud o sorpresa.
En la obra de Etievan nos atraen los colores, la composición. Crea un universo pictórico meditado y construido en cada elemento con paciente aplicación para lograr así formas, infraestructura; lo sólido, lo duradero, bases de la realidad y del pensamiento..
Graziana La Rocca
Octubre 2005
"Enrique Etievan. Tan real como los sueños. Zapata"

